EL FUEGO (¿Destrucción o Motor de la Humanidad?)
"Hoy
he querido dedicar la tertulia al fuego. A menudo lo vemos únicamente como un elemento destructor de
nuestro planeta, pero lo cierto es que también ha sido un avance fundamental
para el desarrollo humano. A continuación, os comparto las claves
principales."
El fuego no es un elemento químico o
físico en sí mismo, sino un proceso químico (una reacción de combustión). Si
bien la vida biológica en la Tierra puede existir sin él —los animales y
plantas no lo necesitan para sobrevivir—, desde el punto de vista evolutivo y
cultural, el fuego sí ha sido vital para la supervivencia y desarrollo de la
especie humana.
Sin el fuego el homo sapiens no hubiera podido sobrevivir en según que zonas de la tierra y sin el fuego nuestro cerebro humano no se no se hubiera podido desarrollar y no habría alcanzado su capacidad actual de inteligencia.
El control del fuego por parte de los homínidos no
ocurrió de un día para otro, sino que pasó por tres grandes etapas: el
aprovechamiento oportunista (fuegos naturales por rayos), el mantenimiento del
fuego (conservar las brasas) y, finalmente, la producción habitual (encender
fuego a voluntad).
Cuando los homínidos controlaron el fuego (desarrollado de forma extendida hace entre 400.000 y 1.000.000 de años) fue el avance tecnológico definitivo que permitió al género Homo abandonar las zonas cálidas y expandirse hacia latitudes donde antes por el frio no habían podido llegar.
Los homínidos desarrollaron dos métodos mecánicos fundamentales para generar fuego a voluntad: la percusión (generación de chispas) y la fricción (generación de calor por rozamiento). Ambas técnicas requerían un conocimiento preciso de los materiales y una preparación minuciosa de la yesca (materia vegetal fina y seca).
Antes del control del fuego, las especies tempranas
estaban confinadas a climas cálidos o templados mediterráneos. El fuego
permitió poblar, el interior y norte de Europa, regiones de la actual Alemania,
Gran Bretaña o el norte de Francia, donde las temperaturas nocturnas y los
inviernos eran mortales sin una fuente artificial de calor.
También el fuego sirvió para las cuevas profundas, las
cavernas de Eurasia eran lugares oscuros, húmedos y habitados por grandes
depredadores (como los osos y hienas de las cavernas). Las hogueras ahuyentaban
a las fieras y permitieron habitar el interior de la cadena kárstica europea.
El fuego fue el salvoconducto para que los grupos humanos (Homo neanderthalensis, denisovanos y Homo sapiens) pudieran asentarse en las frías llanuras continentales de la actual Rusia las Estepas de Siberia y Asia Central. En estas zonas, el fuego permitía, fundir hielo y nieve para disponer de agua potable constante durante los meses invernales, descongelar y cocinar la carne de la mega fauna (mamuts, bisontes), haciéndola comestible y conservable.
Sitios como, el norte de China y Asia oriental donde habitó el Homo erectus, muestran evidencias clave del uso temprano del fuego. Esta región registraba inviernos rigurosos que habrían impedido el asentamiento permanente de homínidos sin una fuente continua de calefacción y protección frente a depredadores.
Las Vías de paso hacia América en el Paleolítico Superior solo fue posible porque el Homo sapiens contaba con la tecnología del fuego para atravesar la región de Beringia (Siberia-Alaska), una zona de tundra subártica con temperaturas bajo cero donde la hipotermia habría sido letal sin hogueras constantes.
Ahora os voy hablar sobre la
importancia del fuego en la alimentación y en el cerebro humano.
La relación entre el control
del fuego, la cocina y el desarrollo de la anatomía humana se sintetiza en la
hipótesis del cocinado, popularizada
por el primatólogo Richard Wrangham. Este avance evolutivo desencadenó una
serie de cambios biológicos y metabólicos cruciales.
La incorporación de la cocina transformó de forma radical la
anatomía del género Homo, marcando el
salto de homínidos como Homo habilis
a especies con rasgos más modernos como Homo
erectus y, posteriormente, Homo
sapiens.
Cocinar los alimentos ablanda las fibras y desnaturaliza las proteínas, y esto facilita la descomposición de los alimentos por parte de las enzimas digestivas, facilitando la digestión y aumentando drásticamente la absorción de nutrientes. Esto liberó energía metabólica que permitió el desarrollo del cerebro humano.
Consumir alimentos crudos requiere horas de masticación y un
esfuerzo metabólico considerable para procesar fibras duras o
carnes duras. La comida cocida reduce de forma sustancial el
trabajo del aparato digestivo.
El cerebro y el tracto digestivo son dos de los órganos más
costosos metabólicamente. Al requerir un intestino más corto y menos complejo
para digerir comida procesada por el fuego, la energía sobrante se redirigió al
desarrollo y mantenimiento de un cerebro de mayor tamaño.
Antes del fuego, procesar carne cruda o raíces duras requería horas de masticación intensa y una fuerza aplastante. Al volverse la comida blanda:
Los dientes ya no necesitaban una superficie de corona ancha ni capas de esmalte extremadamente gruesas.La mandíbula se volvió más corta y fina, y desaparecieron las grandes inserciones musculares en el cráneo (como la cresta sagital presente en homínidos anteriores).
La Reducción
del sistema digestivo, la carne cruda y las plantas fibrosas exigen un tracto
intestinal muy largo y un ciego voluminoso para fermentar la materia vegetal.
Intestinos
más cortos: La comida cocinada llega "predigerida" al estómago, por
lo que el cuerpo redujo el tamaño del intestino delgado y del colon.
Cambio en la forma del tórax: Al reducirse el volumen de las vísceras abdominales, el tórax cambió su forma: pasó de ser una "campana" ancha en la base (como en los chimpancés o Australopithecus) a una estructura más cilíndrica y estilizada.
También se redujo el aparato masticador, al no necesitar mandíbulas potentes para triturar materia cruda, los homínidos desarrollaron dientes más pequeños, músculos masticadores reducidos y un cráneo con espacio para un mayor volumen cerebral. Luego el cerebro se desarrollo, a través de la cocción que liberó una densidad de calorías e hidratos de carbono sin precedentes que aceleró la encefalización en Homo erectus y especies posteriores.
El tejido
cerebral es metabólicamente muy costoso (consume cerca del 20 % de la energía
del cuerpo). Según la hipótesis del "tejido caro" (Expensive Tissue Hypothesis).
En la
tecnología y sociedad: La fogata se convirtió en el primer punto de reunión
social, protegió al grupo de depredadores y fomentó la comunicación, impulsando
el desarrollo del lenguaje y la estructura social. Más adelante, el control del
fuego permitió la alfarería, la metalurgia y la tecnología moderna.
Este año ha sido un "annus horribilis" para la mayoría de nosotros: Entre el calor y
los incendios forestales nos ha sido difícil pasar el verano. 2026 es ya el
tercer peor año en cuanto a superficie quemada en España, de acuerdo con los
últimos datos consultados del Sistema Europeo de Información sobre Incendios
(EFFIS).
En el pasado mes de julio se produjo un caso dramático que nos conmocionó, en el municipio de Los Gallardos, en Almería (Andalucía). Hubo un devastador incendio forestal que causó la muerte de 14 personas, convirtiéndose en el episodio más trágico y mortífero por incendios forestales registrado en España en lo que va de siglo.
El recrudecimiento de las catástrofes durante el verano responde a múltiples factores: cambios sociales, transformaciones territoriales y alteraciones económicas ocurridos durante las últimas décadas. Más gestión del bosque y menos emisiones son el camino que deben seguir nuestro país y Europa para afrontar la emergencia medioambiental si no quieren ver triplicada la superficie quemada para finales de siglo, según muestra la urgencia de tomar medidas de altura expresada en las cifras de un estudio reciente.
Así lo avisa el Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático (PIK) en un trabajo publicado en la revista Global: «El cambio climático antropogénico ya está intensificando las condiciones meteorológicas propicias para incendios y aumentando el riesgo de incendios forestales en toda Europa, y sobre todo en España, con un riesgo que se prevé que aumente drásticamente en las próximas décadas», determina la investigación consultada por Público.
El Acuerdo de París, adoptado por los países durante la Cumbre del Clima de 2015, establecía el compromiso de no calentar la Tierra 2 °C por encima de su «temperatura en la época preindustrial» y recogía el esfuerzo internacional para mantenerla por debajo de los 1,5 °C. Los últimos encuentros multilaterales y la superación ocasional de este límite han revelado que las tendencias térmicas van camino de incumplir este acuerdo internacional. En consecuencia, nos encontramos con fenómenos agudizados como los incendios forestales.
«Las condiciones para la propagación de incendios están empeorando, por lo que necesitamos invertir más. Si Europa aumenta la inversión en formación de equipos de bomberos, equipamiento adecuado, buena coordinación, etc., nuestras proyecciones indican que esto puede marcar una diferencia significativa». No obstante, algunos fuegos pueden superar las capacidades de extinción. Los expertos inciden en que la emergencia medioambiental provoca escenarios impredecibles, lo cual requiere sociedades preparadas ante la incertidumbre del futuro.
Víctor Resco de Dios, profesor de Ingeniería Forestal y Cambio Global de la Universidad de Lleida, destaca que una manera de mitigar los efectos de los grandes incendios es mediante «la gestión del combustible». Los cambios en los usos del suelo y la despoblación rural provocados a partir del paso de economías basadas en el sector primario a sistemas financiarizados han acarreado una mayor masa forestal. Con olas de calor más frecuentes, largas e intensas, esta masa se vuelve más sensible al fuego. Hacerse cargo de la vegetación que solo sirve como combustible para los incendios forma parte de las medidas posibles.
Resco de Dios
insiste en la relevancia de centrarse en la adaptación al cambio climático y
global: «Con el cambio climático, las condiciones podrían volverse tan extremas
que llegaríamos al límite de nuestras posibilidades para prevenir y combatir
incendios una vez que alcancen cierta magnitud. Reducir las emisiones es
absolutamente esencial, junto con el fortalecimiento de la gestión local de
incendios», concluye.
La historia de los Acuerdos del Clima
El Plan Inicial (París,
2015): El mundo entero se reunió y prometió: «Nuestro planeta está en peligro y
no podemos dejar que suba más de 2 grados». Cada país prometió traer sus
propias «tareas hechas» para contaminar menos.
(Glasgow, 2021): Los
científicos dijeron que 2 grados era demasiado. Todos acordaron intentar que no
pase de 1,5 grados y prometieron empezar a usar menos carbón.
(Egipto, 2022): Se creó una
hucha común: los países más ricos ponen dinero para ayudar a los países más
pobres que sufren tormentas o sequías causadas por el cambio climático.
(Dubái, 2023): Por primera
vez, todos firmaron que hay que decirle adiós al petróleo, al gas y al carbón,
y cambiarlos por energías limpias como el sol y el viento.
(Brasil, 2025): Se puso el
foco en cuidar los bosques y las selvas (como el Amazonas), porque son los
grandes pulmones que limpian el aire del planeta.
El resumen
"Empezamos prometiendo no superar los 2 grados, pero con los años hemos aprendido que hay que ser más estrictos: frenar en 1,5 grados, ayudar a los países con menos recursos, proteger los bosques y cambiar el petróleo por el sol y el viento."


























